De acuerdo con un estudio de Citi Research, los países avanzados podrían añadir un 6% al crecimiento de su PIB en las próximas dos décadas solo con reducir la inequidad de género en el campo laboral.

Por su parte, la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, aprobada por los estados miembros en 1995, destaca a las mujeres y la economía como una de las 12 principales esferas de preocupación a nivel mundial. Los 189 gobiernos que firmaron el acuerdo se comprometieron a llevar a cabo acciones específicas para alcanzar objetivos concretos para mejorar el papel de las mujeres en la economía. ¿Qué sucedió?

Según un informe del Banco Mundial, “(…) el efecto del poder económico de las mujeres en América Latina y el Caribe”, en la década que va del año 2000 al 2010, desempeñó un papel fundamental en la disminución de la pobreza, y se observó un aumento en las tasas de participación de las mujeres en el mercado laboral en un 15% y una reducción del 30% en los índices de extrema pobreza.

Sin embargo, todavía hay mucho camino por recorrer para que, en términos de inclusión a la vida económica, la balanza entre mujeres y hombres sea equitativa.

Si bien las mujeres alcanzan cerca del 50% de la población en edad de trabajar en el mundo, la contribución de este grupo en la fuerza laboral es menor y por lo tanto su contribución al PIB de cada país es inferior que el de los hombres.

Si bien las mujeres alcanzan cerca del 50% de la población en edad de trabajar en el mundo, la contribución de este grupo en la fuerza laboral es menor y por lo tanto su contribución al PIB de cada país es inferior que el de los hombres.

En Latinoamérica, a pesar de las grandes contribuciones de las mujeres en las economías nacionales y en las mismas empresas, aún persisten muchos obstáculos que las enfrentan a retos importantes, como la falta de apoyo efectivo en su desarrollo, falta de oportunidades de capacitación y educación, falta de acceso al crédito y a la tecnología, así como de acceso a programas de liderazgo.

Como si lo anterior fuera poco, las mujeres continúan enfrentándose a creencias culturales que dificultan su desarrollo, bajos niveles de confianza  y otros problemas relacionados con la percepción de su comunidad y un rechazo tajante a su desempeño; por ejemplo, la familia propia, que cuestiona su posibilidad de equilibrar sus roles como madre, esposa y empresaria o empleada.

En fin, este sigue siendo un asunto que debe tratarse en políticas públicas, porque si las economías han crecido por el impulso de las mujeres con pocos incentivos, imaginemos lo que sucedería con mujeres debidamente apoyadas.

Al respecto, remito a esta nota sobre servicios financieros, educación y el rol de la mujer. ¿Ustedes qué opinan?